Mediterráneo

miércoles, mayo 16, 2007

Otra vez han llegado los atuneros en Ibiza para cazar los atunes



Otra vez han llegado a la isla los grandes atuneros en busca del botín de los atunes rojos, que tanta faltan hacen en el Mediterráneo para presevar el equilibro ecológico.
Esta llegada coincide con una gran avalancha de medusas que ahuyentan el turismo. El atún es un depreradador nato de las medusas.
Véase mi blog principal: Alarma en las islas.







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martes, mayo 15, 2007

El Mediterráneo fue un mar cerrado hasta que todo explotó

Un mar donde se concentran todas las guerras de la historia, toda la angustia que puede contener un hombre, todas las desgracias y toda la filosofía de la humanidad.... se ha transformado en un piscina de placer y turismo. Pero los grande problemas subyacen y jamás desparecen.


Es la pregunta más frecuente: ¿Cómo es posible que un mar tan vivo y con tanta vida tenga tan pocas entradas de agua para renovar la que se evapora?
Otra: ¿El mar Mediterráneo estuvo una vez desecado?
Claro.
Pero hablamos de millones de años.

Y estuvo mucho más abierto.

A quien le interese, le recomiendo comenzar una breve lectura en este página que además tiene foro. Entra, mira y lee. Y pregunta. Si lo sabemos -cosa que dudo- te contestaremos.

Seguiremos.



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lunes, mayo 14, 2007

Un grandioso muro rodeará las pirámidas de Egipto


Tomás Alcoverro ha escrito este artículo en La Vanguardia: "Un muro para las pirámides"


La muralla tendrá 200 kilómetros de longitud, 265 cámaras de vigilancia y sistemas de detección de explosivos

Ha sido una sorpresa la revelación de la construcción H de un muro en torno a la meseta de las Pirámides de Guiza. El director de la Administración de las Antigüedades de Egipto, Shaban Abdel Ja Gauad, ha hecho saber que su erección fue iniciada hace cinco años y que concluirá el próximo mes de junio cuando centenares de miles de turistas acuden a las antiguas tierras del Nilo. El muro, de doscientos kilómetros de longitud, contará con 265 cámaras de vigilancia, tendrá tres puertas, una de ellas muy próxima a la efigie, que los árabes llaman Abu el Hol, además de equipos de detección de explosivos. Este muro de hormigón separará su recinto del poblado o suburbio de la inmensa metrópoli africana Nazlet el Seman, cuyas casas han ido arañando lo que aún quedaba de la explanada de las Pirámides, con un vecindario que desde hace décadas vive del turismo, haciendo de guías, alquilando caballos, vendiendo recuerdos a los visitantes...

El muro forma parte de un proyecto de remodelación de la meseta, que incluirá estacionamientos para automóviles, vehículos eléctricos de transporte o camellos de alquiler.

La explanada de las Pirámides ha ido sufriendo toda suerte de especulativos proyectos inmobiliarios que han roto su pura forma geométrica en el horizonte de El Cairo, cercándola por la carretera del desierto que se dirige hacia Alejandría. Se salvó, hace unos lustros, de un parque proyectado como un extenso Luna Park que debía rodearla.

La primera vez que visité las Pirámides -Al Ahram- en el otoño de 1970, sólo había algunos chalets propiedad de potentados egipcios en su desértico contorno, que más tarde fueron demolidos, además del famoso cabaret de estilo kitsch Sahara City con sus populares danzarinas del vientre. La avenida de las Pirámides, con el Mena House y su chaletito suizo entre sus jardines y los clubs Auberge de Pyramides y Arisina, era la concurrida calle divertida de egipcios y extranjeros noctámbulos. Entonces ningún alto edificio destruía su espléndido horizonte, descrito por Chateaubriand, Flaubert, o Nerval, ilustrado por Roberts. Fue, curiosamente, en este paraje mítico donde al albor de la década de los ochenta tuvo lugar la rebelión de las Pirámides cuando famélicos reclutas y agentes de la policía se levantaron, durante unos días, contra el rais Hosni Mubarak.

Egipto se nutre, sobre todo, de las remesas de los trabajadores que viven en los países árabes, con los peajes marítimos del canal de Suez, y con las entradas proporcionadas por el turismo, que se evalúan en el 20% de ingresos. El año pasado recibió diez millones de visitantes extranjeros, y confía que en el 2011 lleguen cuatro millones más. Existe el gran proyecto, además, de construir el nuevo museo arqueológico de El Cairo en este recinto de Guiza.

Pero los atentados terroristas de Tba en el 2004, de Sharm el Sheij al año siguiente y de Dhaba en el 2006, con alrededor de 130 muertos, volvieron a ahuyentar el arraigado flujo de turistas. Las tres localidades están situadas en el Sinaí, lejos de Luxor, del Valle de los Reyes y de El Cairo, donde en la década de los noventa hubo también mortíferos ataques contra objetivos turísticos.

El amurallamiento de las Pirámides precipita su cerco. Para los egipcios, sus alrededores son parajes de libertad, en los que vivaquean, se solazan, hacen el amor. Para los cairotas su mágica explanada es casi como el Bois de Boulogne de París.



Regreso al blog principal

domingo, mayo 13, 2007

SOS MEDITERRÁNEO: No son las medusas las peores agresiones


Un mar que apenas es el uno por ciento de los mares del planeta soporta el 30 por ciento del tráfico de petroleros.
La costa aparece enladrillada. Ya no son sólo las grandes ciudadades ribereñas las que aportan materiales orgánicos a la putrefacción litoral. Grandes extensiones de ciudades turísticas han dejado irreconocible las costas de nuestra Mare Nostrum.
En los otros blogs hablo de la actual invasión de medusas, pero esto sólo es la punta del iceberg.
El Mediterráneo no está bien, y si no está bien el mar, peor estaremos las personas que pretendemos hacer nuestra vida en sus riberas, hoy ya saturadas.

Vid. mi blog principal
Vid. Notas de un fenicio





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miércoles, mayo 02, 2007

OJO, por Arcadi Espada (El Mundo)



En Turquía se está dando el caso de un Ejército golpista que defiende nuestros valores, el primero el laicismo. La candidatura a la Presidencia del islamista Abdulá Gül ha provocado el rechazo militar. Escasamente retórico: el Ejército ha advertido que entre sus misiones constitucionales está la defensa de la laicidad del Estado. Tras la advertencia ha llegado la decisión del Tribunal Constitucional anulando la posibilidad de que el islamista sea nombrado presidente y abocando al país a unas elecciones anticipadas. En menos de medio siglo, Turquía ha sufrido cuatro golpes de Estado y varias correcciones militares en su camino político. El laicismo de la nación es, para el Ejército, algo similar a lo que es la unidad de la nación para el Ejército español. Se siente garante.

El caso es de un gran interés. No sólo por las destructivas consecuencias que tendría la desestabilización turca, sino por la incomodidad en que coloca a algunos de los principios democráticos. Esa incomodidad estaba muy presente la otra tarde cuando la multitud desfiló por las calles de Ankara exigiendo el apartamiento de Gül, pero también el fin de las presiones militares. Un bello programa, sin duda. La actividad del pueblo suele tener a veces estas exigencias mágicas, este hágase la luz sin cuota. Lo cierto es que Gül ha sido apartado (de momento) por la acción pesada de dos instituciones del Estado, el Ejército y el Tribunal Constitucional, que se han impuesto a una tercera, es decir, a la mayoría de diputados del Parlamento. Y más cierto todavía es que una serie de preguntas clásicas avanzan a machetazos: ¿Existe el islam democrático? ¿Hasta qué punto la democracia puede respetar a los que quieren acabar con ella? ¿En nombre de quién (de qué lo sabemos) pueden actuar los ejércitos, los tribunales y hasta las masas en las calles para oponerse a las decisiones de la mayoría? Ni en Turquía ni en Europa estas preguntas son, por desgracia, retóricas.

Todo lo contrario: son puramente amenazantes, y actúan de lleno sobre convicciones muy maduradas. Las convicciones, por alto ejemplo, de la Unión Europea, que sostiene la legitimidad del derecho de intervención en Afganistán y que está forzada a meditar si ese derecho a la intervención es de distinta naturaleza al que invoca el Ejército turco. También están en juego las bajas convicciones del particular: ser antirrelativista empieza a dejar de ser una distante postura intelectual para transformarse en una candente obligación política, cuya coherencia puede verse sometida a pruebas radicales.

(Coda: «En mi Discurso a la nación europea sostenía que hacer Europa es sobre todo un problema moral; un problema que consiste en exhortar a los hombres no, como pusieron en mi boca, a destruir las naciones, sino a sentirse en una región de sí mismos que trascienda el sentimiento nacional». Julien Benda, Memorias de un intelectual, Espasa, 2005)

© Mundinteractivos, S.A.

miércoles, abril 25, 2007

Analizando los huevos de la pardela (virot)

Mi artículo de hoy en Diario de Ibiza debiera estar archivado en mediterráneos, pero como ya lo reproduzco en Mi Blog Principal y en Mis artículos de prensa, remito al lector a estos enlaces.

viernes, abril 13, 2007

Argelia, Marruecos/ La coartada del miedo, Soledad Gallego Díaz (El País)



En Argelia se celebran elecciones legislativas en mayo. En Marruecos, dentro de cinco meses, en septiembre. ¿Qué influencia tendrá el recrudecimiento del terrorismo islamista, responsable de los atentados del pasado miércoles, en las incipientes reformas que se iban abriendo paso en los dos países? La peor de las noticias, para España también, sería el regreso de los más duros al poder. Que el miedo sea la coartada tras la que se escondan los partidarios de desacelerar, incluso parar, los pequeños cambios democráticos que se vislumbraban en los dos países. El miedo, lo sabían ya los clásicos, puede llegar a suplantar los problemas reales.

El peligro para todo el Mediterráneo no es sólo que el movimiento salafista del norte de África se haya vinculado a Al Qaeda. Esa pésima noticia quizás tenga consecuencias terribles a corto plazo o quizás sea posible frenarlas con buenos servicios de inteligencia y cooperación policial. Lo que nadie podrá parar, ni a corto ni a medio plazo, serán las devastadoras consecuencias de la derrota de quienes pretenden introducir reformas democráticas, diques que contengan la corrupción y medidas que impulsen mejoras en la vida cotidiana de esas sociedades. Sin eso, sin la presión sobre quienes se niegan a las reformas, sin el apoyo a quienes intentan desde dentro de Marruecos, Argelia o Túnez transformar el pavoroso futuro de sus jóvenes, dándoles algo de esperanza y de perspectiva, existirán pocas posibilidades de desactivar el terrorismo islamista en el norte de África.

La Unión Europea y España se han equivocado ya muchas veces en el Magreb. La guerra civil de Argelia, hace todavía pocos años, fue un ejemplo de esa ceguera. ¿Cómo explicar que esos terribles años de "plomo", en plena época de la televisión y de los satélites, tuvieran menos cobertura informativa que la Guerra Civil española, setenta años antes, cuando sólo funcionaba el telégrafo?

Las fuentes más equilibradas hablan de 150.000 muertos sobre los que hemos pasado de puntillas, embozados en el miedo a los extremistas islámicos. Hoy, una vez más, los grupos salafistas resurgen y ahora dispuestos no sólo a luchar con las armas más o menos convencionales del Ejército argelino sino a aplicar las técnicas ideadas por Al Qaeda. Amparados en la resonancia internacional de esa potente "marca", y en campañas de atentados suicidas contra la población civil, reclaman de nuevo su protagonismo entre los jóvenes desempleados que huyen de la prolongada sequía en el interior de sus países y se amontonan en suburbios desprovistos de todo. Si la respuesta en Argelia, Túnez o Marruecos es una vez más la represión ciega y el contra-terror, si se consiente que sean monstruos los que tratan con monstruos, si los reformistas del Magreb no consiguen imponer sus criterios, el camino para acabar con el terrorismo islamista se hará todavía más largo y difícil.

Los españoles deberíamos ser conscientes de que estas son decisiones que nos atañen directamente, porque estamos en primera línea de fuego. Argelia y Marruecos están al alcance de la mano y por mucho que no acabemos de creernos que la amenaza integrista es tan peligrosa para ellos como para nosotros, esa es la realidad. En estos momentos, lo único que puede poner en peligro la estabilidad española es la inestabilidad del Magreb. Nada influye más en nuestro futuro que el desarrollo político que sigan esos dos países en los próximos años. Si algunos irresponsables no se hubieran empeñado tanto en poner en duda la autoría de los grupos salafistas en el atentado del 11-M, quizás hoy día los ciudadanos estaríamos más advertidos y alertas sobre la auténtica amenaza a la que hacemos frente. Seamos conscientes de que hay doscientos presuntos terroristas islamistas en nuestras cárceles. De que en 2006, según datos de Europol, se realizaron 51 nuevas detenciones (de las 257 que se hicieron ese mismo año en toda la UE, sin contar Reino Unido). De que prácticamente la totalidad de esos detenidos y encarcelados nacieron en Marruecos, Argelia y Túnez y de que todos son menores de 40 años.

solg@elpais.es

Soledad Gallego Díaz, en El País, 13 de abril, 2007.

domingo, abril 08, 2007

Video relax: Yatching

Entrevista con el Nobel Orhan Pamuk amenazado de muerte, en Estambul


Xavi Ayén | Orhan Pamuk no se ha exiliado. A pesar de las amenazas de muerte que ha recibido, ni siquiera se le pasó la idea por la cabeza, en contra de lo que han publicado algunos diarios turcos y han repetido medios de comunicación de todo el mundo. Distendido, en su estudio de Estambul, frente al Bósforo, el último premio Nobel de Literatura recibió el Jueves Santo a La Vanguardia, para hablar sobre su obra y, por primera vez, aclarar su situación actual (...).

- ¿Pero qué hace usted en Estambul?

- Pues aquí estoy, en mi casa, escribiendo, como siempre.

- Habíamos leído que, hace dos meses, se había exiliado usted a Estados Unidos.

- Parafraseando una broma de Mark Twain, que afirmó en una ocasión que la noticia acerca de su muerte era algo exagerada, yo les digo ahora: las noticias sobre mi exilio son un poco exageradas. ¿Qué fue lo que sucedió hace dos meses? Acababan de asesinar a mi amigo, el periodista armenio Hrant Dink, y había una turbia atmósfera nacionalista y racista, muy intensa. Mi nombre estaba circulando como futura víctima y, en ese momento, y tras haber hablado con la policía, decidí que sería mejor marcharme a la Universidad de Columbia, en Nueva York, donde imparto unos cursos - por cierto, desde antes del premio Nobel- para sentirme más seguro y poder trabajar con tranquilidad en un libro que estoy acabando. Y, una vez que se ha despejado ese ambiente, he vuelto. Yo vivo aquí. Pueden ustedes comunicárselo al mundo.

- ¿Jamás dijo usted a nadie que se iba para siempre? ¿De dónde surgió la noticia?

- En parte eran rumores, en parte exageraciones y, en parte, que, desde que gané el premio Nobel cualquier cosa que me sucede se transforma en una noticia, digamos, inflada por los tabloides de mi país. Vivo una parte del año en EE. UU., pero es porque doy clases.

- Pero usted ha sido amenazado de muerte. ¿Tiene algún tipo de protección?

- No solamente yo, no es algo de lo que deba presumir. El Estado ofrece diversos tipos de protección a intelectuales y escritores que han sufrido amenazas fundamentadas. Según lo que hago, tengo guardaespaldas o se despliega un dispositivo de seguridad concreto.

- Usted fue el primer escritor de un país musulmán en condenar la fetua contra Salman Rushdie. ¿Se siente ahora como estuvo él?

- No. Son situaciones incomparables. Yo no me escondo: paseo por la calle, la gente me saluda muy afectuosamente... Nueve de cada diez personas que me encuentro me demuestran un gran cariño, a veces me cuesta llegar a los sitios, me abrazan... ¿Qué sucede? Que tal vez puede haber alguien, en algún lugar, con unas intenciones peligrosas hacia mí. Gente que está muy enfadada. Pero sigo los consejos del Gobierno, acato sus medidas de seguridad y con eso me basta.

- ¿Puede contarnos algo de ese libro que está finalizando?

- Se titula Museo de la inocencia. Es muy radical. Una novela ambiciosa, en el sentido de que abarca muchos temas. Se desarrolla en Estambul entre el año 1975 y la actualidad, y es sobre el amor que siente un hombre rico de Estambul por una pariente pobre que vive lejos. Pero, esencialmente, es una atrevida exploración, un intento de indagar lo que significa el amor: ¿qué sucede dentro de nosotros cuando nos enamoramos? ¿Qué pasa si un hombre está absolutamente loco por una chica, pero ella no? Sobre todo, después de Estambul, que ha sido mi primera obra de no ficción, sobre mis recuerdos de infancia y juventud, no vayan ustedes ahora a creer que este nuevo libro es también autobiográfico, todo lo que escribo lo es en cierta manera, pero ahora se trata de una novela.

- En su novela El libro negro hay una presencia fuerte de la tradición sufí, pero leída de un modo muy posmoderno. ¿Qué quería hacer?

- Vengo de una familia occidental y secular. Nunca he practicado el sufismo ni he sido una persona religiosa. Pero muchos sufíes educados, de clase alta, que leyeron El libro negro me dijeron que les había conmovido. Mi interés por el sufismo es literario, y se basa únicamente en los libros. Leí la literatura sufí a la manera de Borges, es decir, no les pedía a esos libros que me mostraran el recto camino ni que me imbuyeran de sabiduría, sino que los despojé de su sentido religioso y los vi como fascinantes formas literarias.

- La palabra turca hüzün, que usted relaciona con Estambul en su último libro, se traduce de modo muy diferente en cada país: amargura, melancolía, tristeza...

- Es que es específica de Estambul aunque hay lectores de todo el mundo que me escriben asegurándome que en su país hay algo parecido: saudade, morrinha... El hüzün es ese sentimiento decadente, de derrota, de pérdida, de fracaso que producen la pobreza y la opresión circundantes, pero que curiosamente no es triste ni depresivo, sino que, sobre todo, produce una sensación agradable, porque es algo que escogemos libremente, es un dulce placer. ¿Cómo decirle? No es una reacción individual que yo tengo, sino que es una característica de la ciudad que acaba poseyendo a todos sus habitantes. Es una retirada ante la vida, aceptar dignamente la derrota porque es lo que hay, y saber que, si aprendemos eso, estamos comprendiendo la naturaleza profunda de la vida. No es algo racional, sino lo más esencial que existe, algo que se acepta y que, a la vez, nos reafirma. Se nos inocula con la observación del paisaje: estas calles, las ruinas... Es algo serio, pues influye toda nuestra poesía, literatura y música en Turquía.

Entrevista de Xavi Ayén en La Vanguardia.

Foto de Estambul by Diéguez Lacarreradelsiglo